Educar en valores universales, una apuesta segura



Estamos en el siglo XXI. Ha cambiado la forma de relacionarnos y de obtener información. Los progenitores primerizos ya no solo buscan consejo en su familia y amigos cercanos (fuentes, por otro lado, inevitables) sino que existe un interés masivo en madres y padres por las redes sociales para comprender y ejercer de la mejor manera este nuevo rol en su vida. Y las redes nos hablan, mezclándolo todo, de inteligencias múltiples, nativos digitales, karma, interseccionalidad, deberes sí, deberes no, que si hay que ser líderes, que si no hay que serlo… ¡Qué lío!


Volvamos a lo básico…

Los valores tradicionales de respeto, esfuerzo, alegría y solidaridad siempre van a funcionar. Consejos que quizá no son tan glamourosos como las últimas tendencias científicas, o chamánicas, con las que nos bombardean las pantallas, pero que llevan siendo la base de nuestras civilizaciones desde el principio de los tiempos. Consejos basados en el sentido común que, como se suele decir, es el menos común de los sentidos.


"El sentido común es tan invisible para las personas como lo es el agua para los peces"


Respeta al prójimo:

Es fundamental que nuestros hijos aprendan que no son el centro del universo porque, para los demás, «el otro» es uno mismo. ¡Tarea difícil! Sobre todo cuando, lógicamente, para nosotros sí son el centro de nuestro universo. ¿Cómo hacerlo? Para esto es útil enseñarle a que comparta sus juguetes, a ceder en aspectos que no le gusten tanto. Que conozca otras realidades, que sepa que el mundo es más diverso de lo que podamos imaginar, y que eso es bueno.

Descansa lo suficiente:

Básico y sencillo. El descanso es la base del desarrollo tanto físico como mental. El sueño repara el cuerpo y la mente, y la falta continuada de descanso siempre acarrea problemas a todos los niveles: agresividad, ánimo bajo, falta de rendimiento, concentración deficiente.

No tengas miedo a admitir si te equivocas:

Errar es humano. A no ser que alguien sea un robot, o venga de otro planeta, todos nos equivocamos. Por eso, todos tenemos el derecho a rectificar, a poder ofrecer nuestras disculpas sinceras… y, de igual manera, a no juzgar y aceptar a quien reconsidera su opinión. Sabemos que, como cantaba Mercedes Sosa o como defendía Heráclito, todo cambia. Cambiar de opinión es positivo. Y para eso hay que estar dispuesto a empezar por uno mismo.

Sonríe siempre que puedas:

De entrada, hay que dejar claro que ser amable no es ser débil. El miedo, la sumisión… no generan respeto, sino desprecio. Además, sonreir es una válvula de escape para las tensiones, y permite hablar de temas que quizá de otra forma no se abordarían: «la risa es la distancia más corta entre dos personas». Lo divertido no tiene por qué ser poco importante, o poco profundo. ¿Alguien se atreve a decir que no son serios, a un nivel educativo y psicopedagógico, los programas de Plaza Sésamo?

Da ejemplo:

Si solo hubiera que quedarse con una idea, una frase que resuma todo el proceso de aprendizaje infantil sería que «nuestros hijos hacen lo que nos ven hacer». Si para conseguir que nuestros hijos dejen de gritar debemos alzar la voz más que ellos, no estamos siendo coherentes. Si nos ve sentados a la mesa sin dirigirnos la palabra entre nosotros, siempre con el teléfono en la mano, será imposible que les exijamos que dejen de ver los dibujos mientras comen…


Se dice que los niños son esponjas, y esto es científicamente cierto: el cerebro en los primeros años de vida se encuentra en un proceso madurativo en el que continuamente se establecen nuevas conexiones. Así, el aprendizaje se da, en grandísima medida, de forma vicaria . El primer «nivel de imitación» está vinculado con los niveles afectivos más cercanos: los padres son el primer ejemplo. De ahí, pasamos a imitar a la pantalla . Por eso es imprescindible nuestro ejemplo, como primer modelo de conducta, y luego como orientadores para enseñarles a diferenciar la realidad de la ficción.


Comentarios

Entradas populares